Referéndum constitucional: con todos y por el futuro de todos.

Por Lic. Enrique Estrada Pato, profesor de Licenciatura en Matemática

Parafraseando de alguna manera a una célebre expresión de José Martí, pronunciada en uno de sus más legendarios discursos, inician estas líneas, escritas por quien, aun a expensas de parecer osado al intentar adentrarse en tópicos no propios de su área del conocimiento, acepta el reto de ser leal a su conciencia y de, al pensar y hablar sin hipocresía, ejercer la forma más natural de la libertad.
En esta ocasión el tema no puede ser otro sino el ya cercano referéndum constitucional del próximo 24 de febrero, cuestión medular del presente y más aún del futuro; y es que hoy en toda Cuba y más allá de sus fronteras el centro del debate lo ocupa la nueva carta magna que será sometida a la voluntad del soberano para su refrendación o no. Proceso que hay que mirarlo desde no pocos puntos de vista, en aras de hacerse cada sujeto de un criterio lo más cercano a la realidad y que sea coherente con las circunstancias en que se está llevando a cabo.
Por estos días no pocos se llenan o refuerzan sus argumentos para decir sí o no a la nueva Carta Magna, y es posible observar, incluso, a quienes en los medios de comunicación, redes sociales u otros espacios hacen del dominio público su criterio, pero más allá de la afirmación o la negación en sí mismas, hay que intentar acercarse a esta etapa trascendental de nuestra historia como nación, y sí que es significativo lo que ha venido sucediendo desde que luego de su aprobación por la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio del pasado año, se iniciara el proceso de consulta popular del Proyecto de Constitución de la República de Cuba el 13 de agosto, fecha simbólica la escogida, día que nació el más ilustre hijo de esta tierra luego de José Martí, desde entonces y hasta el 15 de noviembre, todo el país se convirtió en constituyente, al adoptar una posición activa, ahora no solo a través de la representatividad del parlamento, sino de la transparencia y natural democracia de una reunión de vecinos, colectivos laborales y estudiantiles, las esquinas donde se juega dominó y hasta los cubanos que se encuentran en otras latitudes.


Ha sido este un período muy fructífero y aportador, así lo han catalogado las máximas autoridades del país y así lo asumió el equipo de especialistas encargado de procesar los cientos de miles de criterios que el pueblo de manera libre y espontánea emitió. Ha sido, también, el momento oportuno de tener a todo el país en un profundo debate, muestra, por un lado, de la confianza de los cubanos en el sistema social que construyen, y por otro, de la madurez y responsabilidad que fruto de la educación revolucionaria ha alcanzado la población cubana. La carga de seriedad y compromiso que se ha visto en estos momentos es una expresión de las esperanzas de la población y de las aspiraciones de la inmensa mayoría de los cubanos por construir un país mejor. No se puede obviar que en medio de este debate se ha podido observar con claridad una polarización de la sociedad en cuanto a algunos temas en consulta, lo que nos demuestra que pese a lo realizado es necesario continuar educando, informando, en fin tratando de llegar a consensos no traumáticos, sin olvidar, ni apartarse por un instante, de las esencias de lo que somos y por qué se ha llegado hasta aquí. Sin embargo, la parte más positiva del asunto es que este ejercicio ha dejado claro la ya innegable ausencia de unanimidad en algunas posiciones, lo cual es bueno si tenemos en cuenta que es algo que los enemigos de la Revolución emplean con frecuencia para cuestionar nuestra democracia. No se puede ver la discrepancia como antagonismo, siempre es bueno discutir con argumentos e ideas, sobre la base del respeto mutuo, y tomar de cada punto de vista lo útil y enriquecedor del sueño común que se defiende, esto es algo que ha estado presente también en los debates, y es que un país mejor se construye con el aporte incluso de aquellos que no están de acuerdo con todo, pero sí en lo que une e identifica a los cubanos, y esto solo es posible, si se aprende desde ahora a convivir con las diferencias.
Pero, volviendo al inicio, por qué una nueva Constitución, por qué es necesario cambiar la ley de leyes; la mejor respuesta a estas y otras interrogantes subyacentes quizás sea la realidad misma en que vivimos, Cuba es hoy un país muy diferente al de hace 43 años cuando en 1976 se aprobara la Carta Magna vigente, muchos acontecimientos han tenido lugar desde entonces y por solo citar uno, el derrumbe del Campo Socialista, cuyas consecuencias dejaron secuelas que aun sentimos hoy, han determinado, además del implacable paso del tiempo, que nuestra perspectiva cambiara profundamente, y en medio de numerosas y fuertes dificultades el país quedó solo a su suerte, teniendo como única bandera en alto su dignidad y la capacidad de resistir y no abandonar el sueño de hacer posible una sociedad mejor y más justa. Si alguien tiene duda de por qué hace falta cambios, solo debe ir a la historia, que siempre ofrece respuestas para el presente y advierte sobre el futuro, es así que, en un escenario socio-económico diferente, se impone cambiarla por una más a tono con los momentos en que vivimos, de la cual se derivarán otras leyes y disposiciones jurídicas para ordenar, y encausar por la vía del progreso a un país que sabe crecerse en medio de las adversidades.


La aprobación de una nueva Constitución no debe verse como un hecho aislado o fruto de la improvisación, es la consecución lógica de otros procesos como la aprobación de los Lineamientos del Partido y la Revolución, en el 6to Congreso del Partido Comunista de Cuba, la aprobación de la Conceptualización del Modelo Económico y Social de Desarrollo Sostenible y el Plan de Desarrollo Económico hasta el 2030, instrumentos que conectados entre sí buscan actualizar el país en materia socioeconómica para ponerlo de cara al desarrollo. Se somete a consulta en medio de un contexto internacional hostil, donde la agresión económica de Estados Unidos se mantiene e incrementa, y donde la generación histórica, que hizo la Revolución cede paulatinamente el poder político a las nuevas generaciones, nacidas a partir de 1959, relevo y continuidad de una hermosa y aun en construcción obra. En medio de este camino una nueva Carta Magna es impostergable, hace tiempo el país lo demanda, es la vía que abrirá otras para, desde el correcto ordenamiento jurídico, catalizar el desarrollo a corto, mediano y largo plazos que todos aspiramos.
Haberse lanzado a una convocatoria popular completamente abierta a todo tipo de cuestionamientos, que ni siquiera deja fuera del debate el papel del Partido Comunista de Cuba en la sociedad es una muestra de cuánto se ha avanzado y es posiblemente el más arriesgado y revolucionario paso que ha dado la Revolución en el momento histórico actual.
Esta nueva Constitución ha contribuido desde ya a que nuestro pueblo eleve su cultura jurídica, algo de lo que hace mucho tiempo se está hablando, y es que no es posible actualizar al país sin que la población tenga conocimiento o domine una parte esencial de lo dispuesto en materia jurídica, sería un verdadero caos. En esta ocasión la realidad luce diferente, la de 1976 es poco conocida, y la ciudadanía, en su mayoría desconoce los artículos que le son inherentes a sus derechos y garantías fundamentales, esa es otra razón por la que hay que ponderar el debate que se ha producido en todo el país, la consulta popular logró que nuestro pueblo estudiase con un alto grado de profundidad tanto la vigente como la nueva que está en consulta, hecho sin precedentes a decir de muchos, y es que, en definitiva, en la medida en que se conozca a la nueva ley de leyes va a ser posible defenderla mejor, pues es sobre la base del conocimiento de la actual y su lógica comparación con la nueva, que se extraen los más sólidos argumentos para hacerse de un criterio coherente.
¿Por qué además de su actualidad, es superior la nueva Constitución de la República? Veamos algunas cifras que hablan por sí solas y a cuyo conocimiento se accedió por los medios de comunicación, en la consulta popular se tuvo en cuenta la opinión de los cubanos de dentro y fuera del país, en particular, estos últimos, realizaron 978 propuestas tipo, de las cuales fueron aceptadas y recogidas en la versión final del documento 391, lo que representa un 40 por ciento, muestra inequívoca de la transparencia del proceso. En total, la Comisión redactora hizo 760 cambios, que van desde una palabra o frase hasta la incorporación de un párrafo o artículo completo, partiendo del principio que todo lo útil y constructivo sería asumido, y de que como en reiteradas ocasiones ha expresado el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al señalar que nadie por sí solo sabe más que todos nosotros juntos. Como resultado, en la estructura del Proyecto Constitucional se mantienen 11 Títulos, 24 Capítulos, 18 Secciones (se añaden dos más), 229 Artículos (cinco más) y ocho párrafos del preámbulo se modificaron. Unos 134 Artículos fueron modificados, lo que representa casi el 60 por ciento. Tres artículos se eliminaron y solo 87 continúan intactos.


En cuanto al contenido, sobresalen el desarrollo de una amplia gama de derechos a tono con los instrumentos internacionales de los que en esta materia Cuba es parte. Se ha querido que los cubanos se parezcan más a estos momentos y asumir aquellos derechos consagrados en los documentos internacionales que se han ratificado y otros que a lo mejor no se han hecho, pero sí en la parte de que se pueden asegurar. Resaltan los relativos al derecho a la defensa, el debido proceso, la participación popular y se reformulan los económicos y sociales, en particular el de la salud y la educación, los que se mantienen como función del Estado y con carácter gratuito, aunque se prevé que la ley definirá otras cuestiones vinculadas a los mismos. Asimismo, se afirma que el contenido del derecho de igualdad adquiere mayor desarrollo al incorporar a los ya existentes (color de la piel, sexo, raza, etc.) la no discriminación por género, identidad de género, orientación sexual, origen étnico y discapacidad. El Proyecto actual tiene una visión más futurista, hacia perspectivas de desarrollo; y otro elemento diferenciador es que en momentos anteriores el Estado lo proveía todo y, en la coyuntura que vive el país, el Estado será el principal proveedor, pero no el único, lo cual se logra a partir del reconocimiento de nuevos tipos de propiedad en los fundamentos económicos, se trata de que el país es, y ha de ser con todos, pero para el bien de todos… un bien no solo común, sino bien distribuido.
En la convergencia de todos estos derechos y la prosperidad individual y colectiva declarada como meta, estará la posibilidad de que cada vez más tengan concreción los proyectos de vida de cubanos y cubanas.
Aun con todos estos argumentos es posible encontrar a algunos que quieren que sea más específica, vaya más a lo particular en algunas cuestiones de interés colectivo, pero es válido tener presente que las Constituciones tienen dos misiones fundamentales: regular los derechos de las personas en un orden instituido y organizar el Estado, es un instrumento programático con voluntad de derecho futuro, de alcanzar un orden superior a posteriori, pero tiene que ser además vinculante y realizable, es decir debe reflejar un sueño futuro y en ese intermedio sentar un compromiso del orden instituido para lograr la mejoría de vida de la gente. Si nada más se regula “lo esencial”, lo mínimo, en la Constitución y se deja a las leyes lo que es el desarrollo -entendida como un programa a futuro y no como una norma de derecho con imperatividad, que ella misma obligue-, se tendrá que esperar a que el legislativo apruebe las leyes complementarias para que esto sea realidad y la supremacía constitucional también estará a la espera de ello.
Es necesario que se entienda como una ley que fija los límites, para que entonces el aparato estatal y las diversas entidades en el momento de creación de las normas y en la formulación de las políticas públicas, sepan desde y hasta dónde pueden actuar, y los límites de su conducta y la posibilidad de exigencia de responsabilidad.
Se está ante una construcción complicada desde el punto de vista de la historia, y se tienen que considerar las diversas subjetividades que la hacen y la harán compleja, pero si se quieren encontrar las motivaciones suficientes para decidir el próximo 24 de febrero, se debe pensar en que como hace 124 años atrás, cuando Martí preparaba la Guerra Necesaria, lo más importante continúa y continuará siendo el ideal de preservar la independencia y soberanía, garantías de la justicia social que hoy se disfruta y enriquece, porque hay una relación inextinguible entre independencia, soberanía, autonomía y justicia social, porque no habrá justicia social sin soberanía, pero no habrá soberanía sin justicia social. Hay que recurrir siempre a la hermosa historia de lucha y sacrificios de este pueblo en aras de conquistar sus sueños y anhelos de felicidad. Esa es la clave para encontrarse consigo mismo y decidir por el presente, por el futuro, que es un presente inmediato, por la Patria, por este país, por el sueño mejor que se quiere, porque juntos es posible, porque el ideal de todos tiene que ser, necesariamente, una fórmula de con todos y por el futuro de todos.

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