“La tángana perenne en defensa de la Revolución”

La condena al bloqueo y al acoso imperialista no es un asunto de corrección política sino de principios, porque es real el daño que provoca y el obstáculo que representa, no sólo para el desarrollo económico sino para el avance de todas las posibilidades emancipatorias del socialismo.

Aún en medio de esa hostilidad del imperialismo y de la necesidad de defendernos frente a un enemigo poderoso que seguirá empleando todos los recursos con que cuenta para vencernos, no podemos renunciar a la profundización democrática de nuestro socialismo pues sólo ella garantizará una resistencia eficaz y la conquista de nuevas liberaciones. No se trata sólo de construir un parlamento en una trinchera, sino de que el parlamento debe constituir nuestra mejor trinchera.

La revolución, que ha dialogado siempre con las inmensas mayorías del pueblo cubano, que ha atendido sus demandas y respondido a sus aspiraciones, que garantiza la independencia nacional y la posibilidad de alcanzar un orden social cada vez más justo y humano, una vida digna y plena, tiene derecho a existir y defenderse. Contra ese derecho, ningún otro. Por eso, el único diálogo posible en Cuba es entre los revolucionarios y entre los que no se propongan el derrocamiento de la Revolución. El campo revolucionario cubano es suficientemente amplio, diverso y plural como para no ser monocorde. En su interior coexisten distintas visiones y propuestas sobre el socialismo, cuyo debate en un ambiente franco y respetuoso, preservando la unidad, solo puede ser beneficioso para la revolución. La posibilidad de la reproducción de la hegemonía socialista en Cuba, de una renovación de nuestro proyecto socialista, pasa porque la experiencia de la tángana del parque Trillo no sea una anécdota aislada y coyuntural, sino una práctica permanente y sistemática de la Revolución Cubana.

Desde una perspectiva de izquierda, queda mucha batalla por dar dentro de la revolución, contra la burocracia, contra la corrupción, contra prácticas verticalistas y autoritarias, contra los retrocesos que amenazan con pavimentar un camino de regreso al capitalismo, pero nunca podrá estar entre sus demandas la reclamación de un espacio legítimo para que la contrarrevolución capitalista actúe legalmente.

Las posturas que buscan desdibujar la lucha entre revolución y contrarrevolución en la que se debate Cuba, e intentan sustituir la pugna central entre socialismo y capitalismo por la abstracción ideal de un Estado elevado por encima de la sociedad, que representa a todos y arbitra con justicia las contradicciones sociales sin más compromiso que el apego a la ley, olvidan a conveniencia que el aparato estatal es siempre un instrumento de dominación de clase, que responde a los intereses de unas u otras, no de todas a la vez. Cualquier apelación en abstracto a una República democrática, derechos y libertades, sin señalar su contenido de clase, se está refiriendo en realidad a la democracia burguesa. En Cuba el poder estatal debe continuar en manos de los revolucionarios y en función de los intereses de las mayorías pero debe socializarse cada vez más bajo el control democrático de los trabajadores y el pueblo organizado. Solo el socialismo puede proveer verdadera democracia, libertad, igualdad e inclusión.

Por: DrC. Frank Josué Solar Cabrales.

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