Esta Revolución no dejará a nadie desamparado

Por MSc. Licet Ortiz Quiala. Asesora Extensión Universitaria. CUM Segundo Frente

Ciertamente esta Revolución no dejará a nadie desamparado. Así lo vaticinó el comandante del Tercer Frente Juan Almeida Bosque cuando, durante la travesía del yate Granma, Fidel hizo regresar la embarcación hasta encontrar a un combatiente que había caído al agua. Tal vez quienes escuchen esta anécdota pensarán -con razón- que de esto se ha hablado muchas veces. Pero sucede que la grandeza de nuestro proyecto social, nos hace volver recurrentemente a evocaciones de este tipo. Y es que cuando el presidente de Brasil incumple la promesa a los médicos cubanos que decidieron quedarse en ese país al culminar el Programa Más Médicos, tenemos que retomar el tema de la grandeza de nuestra Revolución.
Todavía está fresca en nuestras memorias la noticia de la culminación de este Programa, hecho que sin dudas, fue un duro golpe a la integración, a la solidaridad y al humanismo de nuestros pueblos. Sobre todo si pensamos que gracias a él, fueron atendidos en los últimos cinco años, ciento trece millones de brasileños, y cerca de setecientos municipios de ese hermano pueblo tuvieron por primera vez un médico. Pero la decisión del presidente de ese país motivó el regreso de nuestros colaboradores, quienes fueron recibidos dignamente en cada palmo de suelo patrio. Testimonios han sobrado del impacto de esta disposición para el pueblo brasileño y de las muestras de cariño de aquellos pacientes hacia nuestros galenos. También se supo que los nuestros ocupaban las zonas más intrincadas, que eran quienes curaban con el corazón, que quiere decir auscultar, tocar al enfermo, interesarse sinceramente por su salud, vivir su dolor, pasar la mano y disminuir el padecimiento con una sonrisa y un buen trato.
La decisión del presidente brasileño Jair Bolsonaro de evaluar a nuestros médicos impactó fuertemente en nuestro Estado y en nuestro pueblo, pues superconocida es la profesionalidad de quienes han puesto bien en alto el altruismo que aprendimos de Fidel. Tanto es así que hasta al mismísimo asesino del Che le fue devuelta la vista; sin hablar de los que han enfrentado el ébola y otras enfermedades contagiosas, poniendo a riesgo su propia vida, sin esperar nada a cambio. Fue obvio entonces que no permitiéramos ridiculizar al personal de salud que cumplía misión en ese hermano país. Era mucha la dignidad que estaba en juego.
Lamentablemente algunos escucharon las falsas promesas del presidente del gigante suramericano y decidieron no regresar. Luego se confirmó lo que ya los más viejos sabíamos: los médicos que se quedaron en Brasil atravesaban serias dificultades. ¿Qué hacer?

Por esos días, en medio de la amplia cobertura de prensa sobre la ardua batalla que se va librando en la recuperación de los municipios habaneros afectados por el tornado, volvemos a escuchar la voz firme y solemne de Serrano en la emisión estelar del noticiero de televisión para informar, oficialmente, que el gobierno cubano recibirá y empleará a los médicos que deseen retornar a la Patria. Se me antoja entonces recordar al combatiente Roque, perdido en alta mar durante la expedición del Granma, sin esperanzas de ningún tipo… cuando la voz firme de Fidel ordenó:

“No podemos perder a ese hombre”.

Hoy la Revolución vuelve a clamar por sus hijos, a tenderle su manto, porque como se ha demostrado en muchas ocasiones: NO LOS DEJARÁ DESAMPARADOS.

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1 Comentario

  1. Claro que no permitiríamos eso pues nuestra medicina además de humana es digna y competente y eso lo ha visto el mundo entero, aun cuando los cantos de sirena cegaran a muchos de los nuestros…pero bueno, Cuba al igual que una madre abre nuevamente los brazos a sus hijos.

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